Comunicado

Buenos días/tardes/noches (Según la franja horaria en la que estemos):

Me dirijo a vosotros no como una diosa de la escritura ni nadie superior (Que sí lo soy, tenerlo en cuenta) Sino como una persona terrenal que tiene sentimientos y/o emociones.
Estas historias no están basadas en ningún caso real, ni nombres, ni escenas, ni sitios. Si algo se parece a la realidad es PURA COINCIDENCIA.
Después de esto, quiero dar gracias a todos aquellos que lo leen, espero que os guste y aceptaré vuestras criticas (Buenas) o vuestras observaciones sobre algo que tenga que mejorar (la cual no mejoraré a vuestro gusto :)).

Gracias por vuestra atención

Alguien
Escritora única y competente de esta obra

miércoles, 27 de abril de 2011

MINICAPITULO 26

Me desperté tumbada en la arena de una playa. Estaba semidesnuda, empotrada contra una piedra y llena de agua de mar. No sabía como había llegado allí. Seguro que me había metido droga y claro, las noches alocadas.
Pero como un flashback me apareció en la cabeza la pelea de el Rulas y el hombre desconocido.
Un hombre borracho se acercó a mí. Tenía una pierna de palo y la otra de metal, y por eso se estaba hundiendo en la arena. Tuve que ir a ayudarle. Apestaba a vino.
- Ey moza, ¿Quieres venir a mi casa y así te enseño de lo que estoy dotado? Te vas a quedar alucinada, te voy a volver loca
Me parecía un buen hombre sin intenciones sexuales de por medio, así que accedí. Juntos recorrimos la playa, aunque se quedó atascado un par de veces y una casi le come un tiburón de esos que van al ras del mar.

Al llegar a su casa me di cuenta de que se estaba hundiendo. Sí, era un barco y se estaba hundiendo. Salimos corriendo de ella y nos quedamos mirando como se metía en el mar y era devorado por los mismos tiburones comedores de madera.
- Bueno, pues te voy a tener que llevar a ver mis dotaciones a mi otra casa, vamos, sígueme.
Montamos en un coche y tardamos en llegar alrededor de una media hora. Era una casa que conocía, pero no sabía de qué. Quizás la había visto en una de esas alucinaciones tan raras que tengo.
- ¿Dónde estamos? - le pregunté al señor, que iba haciendo eses con el coche.
- Estamos... EN EL INFIERNO... No, es broma, estamos en Francia, en la región del oeste.
Me quedé unos segundos pensativa. Recuerdo haber estado en una casa que estaba en Ámerica. Era imposible que hubiera llegado allí sola. El hombre lo escuchó todo, porque de nuevo pensé en alto.
- Uyyy en el óceano hay unas ráfagas mú malas eh - Me dijo todo emocionado, tanto que dimos una vuelta de campana - Seguramente habrás llegado por una de esas corrientes.

Pero daba igual. La cosa era que el hombre desconocido me había abandonado. Que fuerte. Y eso que había ido a rehabilitación por él.

Pero ahora, de nuevo, se abría otro capítulo en mi amarga y drogadicta vida sin padres ni nada por el estilo. ¿Qué sería de mí? ¿Quién sería el hombre trajeado? ¿Quién era ese hombre patapalo-metal que le había cogido?
Y sobre todo ¿Por qué es díficil decir Pamplona con la boca llena de polvorón?

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